La Navidad, una época de renacimiento


Las religiones más importantes de nuestra cultura tienen todas su origen en el hemisferio norte y hay una relación directa entre las fechas de sus fiestas y las fechas singulares del periplo solar (solsticios y equinoccios). Se sabe que eran fiestas paganas celebradas desde tiempos primitivos (sobre todo los dos solsticios) y la religión católica se adaptó a ellas: Natividad en el solsticio invernal (s. IV dC), San Juan en el solsticio estival, y además, San José (el padre) en el equinoccio primaveral y diferentes fiestas de distintas vírgenes (la madre) cerca del equinoccio de otoño (8 de setiembre). Tampoco es casualidad que la muerte de Cristo se celebre con la primera luna llena de primavera, es decir después del equinoccio.

El solsticio de invierno del hemisferio norte (que coincide con el solsticio de verano en el hemisferio sur) es cuando el Sol se encuentra en la posición más meridional (más al sur), sobre el Trópico de Capricornio. Eso ocurre entre los días 21 y 22 del mes de diciembre (la fecha y hora exactas varían cada año). Es el día más corto del año al norte del Ecuador porque el Sol sale muy tarde y se pone muy pronto. En Cataluña hay aproximadamente 9 horas de día y 15 horas de noche. A partir de esa fecha, las horas de luz del día comienzan a crecer.

Las fiestas del solsticio de invierno se celebraban con júbilo y la alegría invadía a las personas porque el día más oscuro les anunciaba la resurrección de la luz. Agradeciendo la bendición del Sol, porque sentían alegría de que se hubiera cumplido, una vez más, el ciclo solar. El significado o interpretación de este acontecimiento ha variado en las diferentes culturas del mundo, la mayoría de ellas lo reconoce como un período de renovación y renacimiento, que conlleva festivales, ferias, reuniones, rituales u otras celebraciones.

En las costumbres populares navideñas encontramos todavía manifestaciones que nos recuerdan el antiguo origen solsticial de la fiesta, como, por ejemplo, el tió (tronco del que los catalanes sacamos regalos a palos) o el árbol de navidad. La tradición habla del árbol de la vida, practica mágica que consistía en cavar un enorme agujero en el claro del bosque donde los druidas realizaban sus rituales y se reunían en asamblea para tomar decisiones, en el que plantaban un enorme tronco de árbol, limpio de todo follaje como un inmenso falo, y al que regaban con el esperma humano de los habitantes masculinos del poblado. De esta forma ellos pensaban que la energía vital de los hombres entregada generosamente revertiría en primavera en fructíferas cosechas.

Como durante el invierno los alimentos de origen vegetal y también los forrajes son más escasos, todo animal de la granja que se sacrifique será una boca menos que alimentar. Por eso la tradición era matar el mayor número posible de animales en las fiestas del solsticio de invierno y así no tenerlos que alimentar durante ese período de escasez. Esas fiestas solían ser el último momento de alimento abundante en carnes antes de la primavera. Posiblemente esa tradición sea el origen de las grandes comilonas de estas fiestas.

Este suele ser, también, un buen momento para la reflexión, para hacer balance de nuestra vida, para plantearnos el renacimiento personal, revisando nuestros objetivos y sobretodo nuestro plan de actuación: el 2011 voy a...

¡Felices fiestas!

Un abrazo.

2 comentarios:

Flecha Azul dijo...

Hay que ver...cuando analizas las cosas... todo tiene una explicación...¡Muy interesante tu post!
¡Me ha gustado mucho! :)

Peace-for-ever dijo...

Flecha Azul: Yo creo en la casualidad, hay cosas que pasan fortuitamente sin que haya una justificación, como disparar al aire sin mirar y matar una paloma, pero no todo es casualidad.

Estoy muy contento de que haya gustado mi texto. Yo quiero agradecerte que lo hayas leído y muy especialmente que hayas dejado tu comentario.

Felices fiestas y un abrazo.

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