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Iniciación sexual



Se dice que la mayoría de los chicos hemos iniciado nuestras experiencias sexuales con la masturbación, mientras que eso no es tan habitual en las chicas. Al parecer cada día se empieza desde más jovencito y que hay muchos niños de 10 u 11 años incluso más pequeños que ya se masturban habitualmente. Me parece que la mayoría de chicos recordamos durante años la primera paja. Debo confesar que yo la recuerdo.

Hay quien dice que la experiencia sexual puede condicionar bastante las preferencias de la persona, esa idea me parece verosímil si hablamos del impúber, de una persona que está iniciando su adolescencia, aunque las preferencias sexuales suelen estar bastante pronto claras en un adolescente. Un chico a partir de los 14 o 15 años ya suele saber cuáles son sus tendencias, a pesar de que hay quien se cuestiona su sexualidad durante mucho tiempo, y quien descubre tardíamente su verdadera sexualidad, incluso cuarentones. Pero una cosa es conocer nuestra sexualidad y otra es aceptarla. Una cosa es probar y tener escarceos de todo tipo y otra cuestionarse lo que uno prefiere.

No sé si es un error mitificar la primera experiencia sexual compartida, esa en que por primera vez lo hacemos con alguien. Sé que tenemos tendencia a hacerlo, a darle un valor extraordinario. Hay mucha gente que recuerda su primera experiencia como un desastre, y tampoco pasa nada, puesto que este hecho no les ha impedido un desarrollo normal, aunque puede que lo haya dificultado.

El sexo es algo instintivo, algo que compartimos con buena parte de las especies animales. La sexualidad humana, igual que en otras especies animales, como bonovos y delfines, no tiene solo finalidades reproductivas ya que el sexo también es un forma de relacionarse y establecer vínculos. Además, por ser instintivo no es nada deleznable ni despreciable, no se debe olvidar que por ejemplo, comer también es instintivo.

Se ha podido establecer claramente una relación directa entre el placer sexual y la mente humana, por eso la imaginación nos aumenta mucho el placer sexual y los sentimientos también. Por otro lado está muy claro que una cosa es el sexo y otra muy distinta el amor. En cambio muchos de nosotros al enamorarnos locamente no deseamos tener sexo con nadie más que con el objeto de nuestro enamoramiento. Los sexólogos, que nos dicen que somos de naturaleza polígama, defienden que mantener relaciones sexuales con un tercero no significa que indefectiblemente haya dejado de amar a la pareja. Que poner cuernos no se hace con el sexo, sino con el corazón. Debemos tener claro que podemos amar a más de una persona a la vez, y que podemos mantener relaciones sexuales con alguien a quien no amemos.

Sin embargo creo que no hay que precipitarse de las primeras relaciones sexuales con otra persona, sin duda me parece muy natural que un chico o chica de 15 o 16 años tenga muchas ganas de ello, pero creo que es una tontería hacerlo con cualquiera. Yo he aprendido que antes que tener relaciones sexuales con según quién o de según qué manera prefiero hacerme una paja. Creo que eso es lo que recomendaría a todo el que busque que la primera relación sexual con otra persona que valore que el hacerlo vaya a ser mejor que hacerse una paja. De hecho, no solamente la primera vez, sino todas las veces... ¿No os parece?

Un abrazo.

ETS entre mujeres



Más de un post se ha dedicado en este blog a la prevención del contagio de enfermedades de transmisión sexual, y cuando pensamos en ello, muchos caemos en el error de pensar en relaciones hombre-hombre u hombre-mujer, pero... ¿Qué pasa con las relaciones mujer-mujer? ¿Están exentas de riesgos? La respuesta es no, ni mucho menos.

Es muy preocupante que haciendo un sondeo entre amigos y conocidos, la mayoría no hubiese leído jamás nada sobre el contagio de E.T.S. entre mujeres (generalmente las guías de salud sexual omiten este tipo de relaciones) y que de hecho, unos cuantos ni se habían parado a pensar nunca en ello. Aun así, lo verdaderamente alarmante es que me haya encontrado en este sondeo con chicas lesbianas con grandes lagunas en el tema.

Las relaciones lésbicas están sometidas a los mismos peligros que el resto de relaciones, aunque si es cierto que con un factor de riesgo algo menor (pero para nada despreciable).

Los comportamientos de riesgo más frecuentes en relaciones entre mujeres son:

  • Contacto vulva-vulva.

  • Tocar los genitales propios después de tocar los genitales de la pareja.

  • Compartir juguetes sexuales con la pareja sin limpiarlos primero.

  • Dormir desnudas muy de cerca (las secreciones vaginales pueden pasar de cadera a cadera)

  • Contacto con una toalla, ropa interior, ropa de baño, sábana, etc. Usada recientemente por una mujer con una infección.

En resumen, cualquier práctica que implique el contacto de nuestro cuerpo con los fluidos íntimos de otra persona nos pone en riesgo (recordemos que el VIH no se transmite a través de la orina ni de la saliva, pero sí otras enfermedades)

La manera obvia de evitar estos riesgos es no dejando que los fluídos de otra persona entre en tu cuerpo, pero...¿Qué herramientas tenemos?

En esencia, como siempre que se trata de prevenir ETS’s, nuestras mayores armas son los medios de barrera:

  • Existen protectores labiales a la venta en sex shop’s para practicar el sexo oral, sin embargo, una opción más económica consiste en utilizar un preservativo masculino cortado de base a punta con unas tijeras.

  • El preservativo femenino (del que hablaremos largo y tendido otro día) es casi tan efectivo como el masculino, no obstante, en los juguetes sexuales dedicados a la penetración, es preferible usar el masculino, y cambiarlo siempre que se cambie de persona.

  • Si quieres usar tus manos en la zona íntima de tu pareja, usa guantes de látex, o un preservativo.

  • En el tribadismo (frote de los genitales femeninos entre dos mujeres, para los que como yo, acabéis de descubrir el término) es posible el intercambio de fluidos, sin embargo, al no ser que haya heridas de gravedad en las mucosas genitales, no hay vía de entrada para las E.T.S. No obstante, si queréis estar completamente seguras, se pueden aplicar las mismas medidas que para el sexo oral, e incluso es válido un pedazo de film alimenticio colocado en la zona genital.

Bueno chicas (y por qué no, chicos) ¿Erais conscientes de lo que os he contado? ¿Alguna vez os habéis parado a pensar en las E.T.S’s en relaciones lésbicas? ¿Qué opinais de que siempre se hable de ellas en relación a parejas homosexuales masculinas y heterosexuales?

Desmontando el VIH



Con frecuencia hablamos de él pero siempre de modo sucinto. Todos lo tenemos en cuenta en frío pero muchas veces en caliente nos olvidamos de él. Sabemos mucho de su existencia, pero realmente... es fiable lo que conocemos? Hoy voy a intentar repasar con vosotros toda la verdad y el mito que rodean a ese enemigo que tan presente debemos tener y que, me temo, con frecuencia olvidamos que nos espera a la vuelta de cualquier esquina.

El VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana, HIV en inglés) es el retrovirus que, a la postre, termina desarrollando en las personas infectadas el conocido como Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida (SIDA, AIDS en inglés). Hoy en día, con los avances en los tratamientos ha disminuído muy significativamente el número de pacientes que desarrollan dicho síndrome (no es lo mismo ser portador del VIH que padecer SIDA), pero cuando no existían tratamientos financiados (o, si no eres un afortunado habitante del primer mundo) el promedio de tiempo antes de desarrollar la enfermedad era de aproximadamente diez años. Durante todo ese tiempo (que en algunos individuos era apenas de dos años y en otros, los menos, de hasta varias décadas), conocido como fase latente o período asintomático, el portador del virus es contagioso, especialmente si no está recibiendo ningún tipo de tratamiento dado que el virus se replica en su organismo sin control de ningún tipo, encontrándose principalmente en las secreciones corporales (básicamente, en el semen) y en la sangre, por lo que hizo mella especialmente en las poblaciones con hábitos de riesgo, fundamentalmente adictos a drogas por vía parenteral (ello es, heroinómanos y cocainómanos que consumían la droga mediante jeringuillas, por el ahorro que suponía el compartir las mismas) y población homosexual (dado que en los años ochenta el preservativo lo empleaban sobre todo las parejas heterosexuales para evitar embarazos no deseados).

Afortunadamente los fármacos han logrado parar (debiéramos mejor decir ralentizar) la masacre entre los portadores, mejorando la posología (las dosis y el número de pastillas que deben tomarse de modo diario) y los efectos secundarios (aunque persisten muchos de ellos, los primeros fármacos eran especialmente agresivos dada la imperiosa necesidad de emplear los métodos de que se disponía en el principio de la pandemia), pero han tenido una indeseable consecuencia. Se ha relajado poderosamente la concienciación social y, sobre todo, se ha establecido una especie de sentimiento de "no pasa nada" si algún día me despisto. Craso error. Porque el VIH puede, si eres afortunado, que no te mate, pero condicionará enormemente tu vida y es una tontería no ponerle coto teniendo medios para ello.

Hoy por hoy, el único método que se ha demostrado totalmente eficaz para evitar el contagio es la abstinencia sexual. Pero si no quieres tener la vida sexual de una lechuga, el método que ha demostrado un porcentaje más elevado de prevención (superando el 95% de efectividad) para prevenir la transmisión del VIH es el uso sistemático de preservativo. Bueno, la iglesia católica se aferra a ese pequeño porcentaje para afirmar que no lo previene del todo, pero el margen de error incluye el empleo inadecuado del condón, la ruptura del mismo (y, digan lo que digan, no es en absoluto fácil romper un profiláctico a no ser que te acuestes con una termomix), o actuaciones tan brillantes como emplear el preservativo para la penetración y terminar con una corrida en la boca de tu pareja, que hay gente para todo.

Porque mucho ojo al sexo oral. Que nadie os cuente milongas. El sexo, en general, es un factor de riesgo, pero hay prácticas que lo son en un modo superlativo, y otras que lo son en modo más despreciable. Practicar sexo oral con una boca (y un pene, obviamente) sanos no conlleva grandes riesgos siempre que no exista intercambio de fluídos. La saliva no contiene virus en la dosis mínima capaz de generar una infección, pero sí lo hacen la sangre y el semen, incluso las secreciones de las glándulas uretrales previas al orgasmo masculino. Por ello, el riesgo es mayor para el que realiza la felación que para el que la recibe (repito, hablando de una boca sin heridas). Obviamente, el hecho de que se te corran en la boca es una práctica mucho más arriesgada que el simple ejercicio de chuperretear un poco un pene ajeno, aunque igualmente dicha práctica conlleva también un riesgo, por muy bajo que éste sea.

Yo no estoy aquí para adoctrinar a nadie, cada uno es mayor cuando se pone a hacer cochinadas con su pareja para saber lo que se hace y los riesgos que asume. Pero lo que no puede ser es que exista alguien hoy día que por desconocimiento haga algo sin saber a qué se expone. Y si hablamos de exposición y práctica de riesgo, es evidente que la mayor de todas ellas se produce cuando existe penetración anal sin protección (ello es, condón y lubricante). Hay mucho que se podría decir en cuanto a qué es más arriesgado, pero así, en modo grosero, os diré que todo lo es en este terreno. Hay estudios que han descubierto que existe un mayor riesgo para el elemento pasivo que para el activo (o para la mujer que para el hombre, si hablamos de parejas heterosexuales), otros que relacionan la circuncisión con una mayor dificultad para adquirir la infección en los varones (debido a que la piel del prepucio por su cara interna es más fina y se expone a mayores lesiones durante el coito), pero, en general, el que practique hoy día sexo sin protección está asumiendo unos riesgos elevados. Se estima, según otros estudios, que la transmisión en individuos asintomáticos es de aproximadamente un uno por ciento en prácticas sexuales de riesgo, pero eso son sólo cifras en estudios no randomizados (no es lo mismo sexo anal que sexo vaginal, dado que el sexo anal produce mayores daños en las mucosas que el sexo vaginal, por ejemplo), y además, a ver quién es el guapo que se presta voluntario para hacer estudios de ese tipo, por lo que se habla de estimaciones y no de datos concluyentes.

En conclusión, y para no extenderme en tecnicismos, podemos quedarnos con las siguientes ideas:

-El único método que evita la transmisión del VIH con toda seguridad es la ausencia de prácticas de riesgo. Como no somos vegetales, todos podemos por tanto estar infectados, aunque tengamos una pareja estable, aunque usemos siempre condón. Por ello es necesario hacerse pruebas con relativa frecuencia, si no quieres ir al médico de cabecera y pedir una analítica, puedes ir a donar sangre, a una clínica privada o incluso en las farmacias empieza a haber disponibles métodos de detección.
-El sexo oral en individuos sin heridas en boca y pene en general constituye una práctica de riesgo relativo, siempre es mejor realizar sexo oral con un preservativo por el medio (los hay de sabores con ese fín). No obstante, la práctica de mayor riesgo en el sexo oral es sin duda alguna para el que realiza la felación, especialmente si existe contacto con el semen de la pareja, en cuyo caso hablaríamos ya de una práctica de alto riesgo..
-El sexo anal y el sexo vaginal son prácticas de alto riesgo si se realizan sin preservativo y lubricante. Es muy importante emplear lubricantes hechos con productos derivados del agua (los que normalmente venden en cualquier sexshop e incluso en supermercados), tipo glicerina, dado que los derivados del aceite (como la vaselina) facilitan la ruptura del látex.

Por último, citar que existe una terapia post-exposición, que se administra en ocasiones a trabajadores expuestos accidentalmente a una posible infección por VIH (por ejemplo, un enfermero que se pincha con una jeringuilla de un paciente seropositivo). No obstante es un tratamiento caro (de en torno a los setecientos euros durante el mes que dura) y no sólo en términos económicos, sino en términos de salud: requiere control analítico para descartar intolerancia hepática y no puede realizarse de modo habitual. Una persona que realiza prácticas de riesgo con frecuencia no puede asumir este tratamiento que, además, no garantiza evitar una infección, tan sólo disminuye la posibilidad de que ésta exista. Cuando os decía que no era tema menor el estar infectado por VIH, pensad que esto sólo es por un mes de tratamiento, imaginad las complicaciones y condicionantes que genera este tipo de tratamientos de por vida. Por ello, no olvidéis nunca aquel lema que hace años se puso tan de moda "póntelo, pónselo". Y disfrutad de la vida y del sexo, pero usando las dos cabezas ;)

¿El tamaño importa?



En mi adolescencia corría cierta broma, en el momento de saludar se decía: "La tengo muy grande" y dejando una pausa suficiente como para que el otro pensara de todo incluso de diera tiempo a echar un vistazo a nuestra bragueta añadíamos "la satisfacción de verte" y sonreíamos irónicamente ante nuestra procacidad. Y es que a los chicos, a los hombres el tamaño nos importa o al menos nos preocupa. Dicen que para las mujeres eso no es tan importante, pero sé que también comparan los tamaños de los penes de los hombres. Pero al final lo que acaba importando es el placer que uno es capaz de producir. Aunque lo que en realidad lo mejor es que uno le digan algo como "adoro tu polla, es exactamente de mi talla".

Sé que no podemos evitarlo, sobretodo en la adolescencia, la mayoría nos lo hemos medido y si hemos podido lo hemos comparado con el de los demás, siempre haya habido suficiente confianza. Una medida precisa del pene es algo complicado de obtener porque no es perfectamente recto ni perfectamente cilíndrico. Se suele medir en estado de erección, buscando un momento de alta excitación en que esté en su máximo tamaño. Por una parte se mide la distancia del vientre a la punta y por otra el perímetro, para eso último hace falta una cinta métrica blanda como las que usan las costureras. Las medidas normales suelen variar según las etnias, los negros tiene fama de tener el pene de mayor tamaño y los orientales asiáticos, de tenerlos más pequeños. Pero sé que hay negros con penes no muy grandes y orientales con penes descomunales. Según la wikipedia se cree que el tamaño del pene erecto es, en promedio, de aproximadamente de 12,9 a 15 cm de longitud, con un intervalo de confianza que va de 10,7 a 19,1 cm, mientras que el perímetro (circunferencia) promedio se ha establecido cerca de los 12,6 cm con una desviación estándar de 1,29 cm.

Los actores que salen en las películas pornográficas han sido seleccionados normalmente por estar dotados con grandes penes e incluso de penes descomunales. Uno de los errores que creo que hemos cometido todos ha sido compararnos con ellos ya que solemos quedar bastante mal posicionados.

Hoy en día no se conocen métodos ni medicaciones eficaces ni fiables para hacer crecer el pene de un hombre, y en ese tema conviene ser muy cauto porque algunas maniobras sobre el pene, sobretodo las quirúrgicas, pueden producir una pérdida importante de sensibilidad e incluso impotencia. Hay quien defiende que el crecimiento del pene está muy relacionado con el tipo de ropa interior que se usa durante la infancia y la adolescencia y que las prendas ajustadas no favorecen en absoluto ese desarrollo puesto que el pene debe moverse libremente para crecer bien, pero no tengo ninguna prueba de que esa información sea fiable.

Lo que sí está demostrado es que un pene mayor no produce necesariamente mayor placer ya que la vagina tiene sus zonas más sensibles en las zonas del exterior y el hombre consigue el mayor placer en el coito anal por masaje en la próstata y esta está a pocos centímetros del ano. Un pene muy grueso, en cambio, puede causar más dolor que placer. Aunque no debemos olvidar que en muchos casos la fuente del placer está más en nuestra imaginación que en el hecho físico y sensorial.

Tenemos el pene que tenemos y muy difícilmente le vamos a cambiar el tamaño. Esa parte de nuestro cuerpo se suele desarrollar entre los 13 y los 18 años, aunque a veces antes de los 18 ya ha completado su desarrollo. Una vez acabado ese desarrollo va a ser así para toda vida y deberíamos saber aceptarlo, nos guste o no, y aprender a conseguir con él nuestra felicidad y la de las personas con las que lo compartamos.

Un abrazo.

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