Adolescentes gays en secundaria


Aunque el texto no es mío me ha parecido interesante ye espero que os lo resulte tanto como a mí. Lo he sacado de aquí. El original está escrito en catalán, la traducción es mía.

La adolescencia es una etapa de descubrimientos que nos puede marcar gran parte de la vida adulta. En mi experiencia docente con alumnos de ESO en Cataluña y en Tailandia he observado grandes diferencias en el comportamiento de los adolescentes cuando tratan con la homosexualidad. Es bien cierto que nuestra sociedad sigue teniendo todavía ciertas influencias machistas y católicas que interfieren en nuestro aprendizaje y descubrimiento de la sexualidad de una forma sana. Hablo no sólo del chico o chica que descubre su deseo homoeróticos, sino de los compañeros de clase y sus reacciones hacia esta homosexualidad.

El mecanismo que se pone en marcha entre los compañeros de clase cuando un chico muestra afeminamiento o se abre como homosexual en una escuela en Cataluña suele ser la alarma, el rechazo inmediato i la hostilidad, y esta última se puede canalizar en maneras desagradables (insulto, crítica, violencia, agresividad). En concreto, he vivido el caso de los compañeros de un alumno gay diciéndome que el chico es medio hombre medio mujer, o directamente acusándolo de maricón, ajusticiado-lo. Enseguida se le aplica un vacío social en la clase, quizá invisible para muchos, no para él. Dejarlo de lado es muy fácil y parece que los profesores pueden hacer poco. El chico diferente acaba haciéndose amigo de alguna chica y evitando el contacto con los otros chicos. Así, situaciones como cambiarse en los vestuarios se convierten en muy violentas y añaden presión al alumno homosexual. Como mecanismos de defensa, el chico se inventa una novia para acallar su supuesta homosexualidad. De mal a peor, el chico ya se ha negado a sí mismo como gay, y al final acaba queriendo que la escuela acabe cuanto antes, con la esperanza de que el cambio conlleve un entorno menos violento. Un montón de miedos, mentiras y presiones de este tipo acompañan muchos chicos y chicas como este hasta el final de la ESO.

Es también cierto que cada persona es un mundo, y que otros muchos pasan desapercibidos en su homosexualidad, tal vez escondiendo la cabeza bajo el ala —o la pluma bajo el pupitre— en vista de lo que les puede caer encima si se abren.

La situación, de todos modos, suele coger a los profesores poco armados y poco preparados para tratar situaciones de este tipo. Se suele cometer el error de tratar el alumno homosexual, y no la homofobia, como fuente del problema. Es claro que la enfermedad es hacer el vacío al diferente: el gordo, la fea, el homosexual, la alta, el que tiene la voz así o asá ... Acaba dependiendo todo del claustro de profesores, que no siempre es maduro para tratar la homosexualidad como normal homofobia como grave enfermedad —curable, eso sí.

La experiencia en Tailandia ha resultado de momento mucho más gratificante en los mismos casos. Los niños se suelen mostrar abiertamente homosexuales ya de muy jóvenes (a partir de segundo de ESO). Allí, las influencias son, evidentemente, muy diferentes: el budismo (en su rama local), fundamentalmente, influye fuertemente en la manera de actuar, interactuar y reaccionar. La agresividad y la violencia son virtualmente inexistentes. El machismo tiene poca fuerza y no es un arma homófoba. La homofobia quizás existe, pero no se hace pública.

El primer alumno afeminado que tuve en clase quiso mostrar toda su pluma cuando entré. Reía escandalosamente, gritaba y llevaba purpurina en la cara, además de una bolsa que más tarde descubrí que estaba llena de cosméticos. Como reflejo miré el resto de compañeros para ver su reacción, como harían comentarios entre ellos, o en voz alta, o quien reiría ... pero hay que verlo para creerlo: nada de nada. Ninguna cara. No hay comentarios. Normalidad absoluta.

Ese día no entendí nada, pero con el tiempo he aprendido unas cuantas cosas: juzgar a los demás no es una práctica común entre los tailandeses, y menos en público. El resultado es que un adolescente homosexual se puede mostrar públicamente con libertad sin sufrir represiones, dentro y fuera de la escuela. No es tarea fácil educar a nuestros adolescentes en el respeto, y más cuando vivimos todavía muchas situaciones, programas de televisión y comentarios en los que criticamos la diferencia. Una práctica demasiado extendida en nuestra sociedad que mamamos desde pequeños. Esta es nuestra enfermedad, que provoca homofobia, machismo y tantas otras fobias que sufrimos a diario.

Nos encontramos en momentos de cambios sociales, de pensamiento y de civilización. Y es en la dirección del respeto a la persona —y por tanto a la diversidad: todas las personas somos diferentes— donde tenemos que seguir trabajando en las escuelas, no sólo con los alumnos sino también entre los profesores.


Un abrazo

2 comentarios:

Flecha Azul dijo...

Que bueno el ejemplo de Tailandia!...ojalá algún día nuestra sociedad fuera tan respetuosa...debemos aprender de ellos!

Un abrazo! :)

Peace-for-ever dijo...

Flecha Azul: Teienes razón tenemos mucho que aprender.

Muchas gracias por pasarte y muy especialmente por el comentario.

Un abrazo.

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